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24 de junio de 2008

Oración para que no me olvides


Yo me pondré a vivir en cada rosa
y en cada lirio que tus ojos miren
y en todo trino cantaré tu nombre
para que no me olvides.

Si dormida caminas dulcemente
por un mundo de diáfanos jardines,
piensa en mi corazón, que por ti sueña,
para que no me olvides.

Y al contemplar llorando las estrellas
se te llena el alma de imposibles,
es que mi soledad viene a besarte
para que no me olvides.

Yo pintaré de rosa el horizonte
y pintaré de azul los alelíes
y doraré de luna tus cabellos
para que no me olvides.

Y si una tarde en un altar lejano,
de otra mano cogida, te bendicen,
cuando te pongan el anillo de oro
mi alma será una lágrima invisible
en los ojos de Cristo moribundo,
para que no me olvides.

Oscar Castro (Chileno)

29 de enero de 2008

Homenaje al espíritu que habla en la mujer

Hoy por hoy, el auge de Internet, la comunicación por chat o vía email, nos permite transmitir en línea nuestros sentimientos y expresar inefables palabras de amor en tiempo real, sin embargo, algo falta para que el mensaje toque las fibras del corazón amado y eso que falta es, LA VOZ.
De los anales de la literatura Chilena, destaco este hermoso poema escrito en recuerdo de una voz que conmueve al hombre, tanto como la voz del ser amado, que inspira este Blog.

Sugerencia: Dado el amor que profesaba el autor de estos versos, a la cultura francesa, recomiendo leer estas hermosas líneas, acompañado de la melodía “Claro de luna” de Debussy, compuesta unos 20 años antes (1891) que el poema, por lo que es muy probable que el autor la conociera.

Tu voz
Tu voz, eso es lo que amo,
más que tu corazón y casi más que a ti:
esa cosa invisible que sale de tus labios,
y junto a mis oídos, triste, viene a morir;
esa cosa tan dulce con que tú me respondes
y con que aquella tarde me dijiste que sí.

Tu voz, eso es lo que amo. ¡Qué bonita es tu voz!
Más que tu cuerpo todo y más que tu alma.
¡Qué manera que tienes de embellecer las sílabas,
gotas del encantado surtidor de tu charla!
¡Cómo vibra en el aire la música pequeña
de tu voz, perfumada de evocaciones claras!
¡Con qué dulzura pende de tu boca graciosa
en invisible y diáfano rosario de palabras!

Tu voz, eso es lo que amo:
el eco triste y trémulo de tu alma triste y trémula;
eso que cuando callas, se aleja hacia la sombra,
y cuando vas a hablarme, desde la sombra llega.
Amo tu voz, tan tenue como la brisa que pasa
rozándole los pétalos al clavel de tus labios,
y otras veces tan ruda, que al escucharla ha sido
como si un viento ronco me devastara el alma.
Cuando tu voz me canta, bella fuente escondida,
se hace alegre la turbia tristeza de mis tardes.
Amada, no me pidas que te bese en la boca;
tu boca es para hablarme.
No quieras que te colme de efusión amorosa;
yo soy para escucharte, sólo para escucharte.

Háblame siempre. Siempre, menos en mi agonía,
porque si en esa hora tu voz me acariciase,
ya la gloria de Dios no me sabría a gloria,
y encontraría débil el coro de los ángeles.

Romeo Murga (1904-1925)
Versión original

De la generación de los años 20, surge en Chile la voz indefectible de Romeo Murga, aquel Poeta Profesor, amigo entrañable de Pablo Neruda y del séquito de intelectuales que les acompañaba regularmente, entre los cuales sobresalen: Aliro Oyarzun , Renato Monestier, Armando Ulloa, Joaquín Cifuentes, Tomas lago, Gerardo Seguel, Yolando Pino, Víctor Barberis o Eusebio Íbar, con quienes habitualmente caminaba en amable tertulia por las avenidas del Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, compartiendo la amistad, el compañerismo, la pasión por la literatura y el hambre descarnado, propio de la escasez de recursos con que intentaban ganar un espacio en las letras.

Cito a continuación, este breve relato presente en la Obra de Pablo Neruda “Confieso que he vivido”, en donde muestra la realidad de los poetas melancólicos del Romanticismo:

“Con este Romeo Murga fuimos a leer nuestras poesías a la ciudad de San Bernardo, cerca de la capital. Antes que apareciéramos en el escenario, todo se había desarrollado en un ambiente de gran fiesta; la reina de los Juegos Florales con su corte blanca y rubia, los discursos de los notables del pueblo y los conjuntos vagamente musicales de aquel sitio; pero cuando yo entré y comencé a recitar mis versos con la voz más quejumbrosa del mundo, todo cambió: el público tosía, lanzaba chirigotas y se divertía mucho con mi melancólica poesía. Al ver esta reacción de los bárbaros, apresuré mi lectura y dejé sitio a mi compañero Romeo Murga. Aquello fue memorable, al ver a aquel quijote de dos metros de altura, de ropa oscura y raída, y empezar su lectura con voz aún más quejumbrosa que la mía, el público en masa no pudo ya contener su indignación y comenzó a gritar: “¡Poetas con hambre! ¡Váyanse! No echen a perder la fiesta.”

Singular resulta la interpretación que hace en sus comentarios, del oficio de Poeta. Este hombre, cuya “sensibilidad fina y delicada” al decir de Santiago Aránguiz en su excelente recopilación “Romeo Murga, Obra Reunida” (Ril Editores, año 2003), de existencia breve y fructífera a la vez (muere de Tuberculosis, antes de cumplir los 21 años), notable por su sencillez y humildad, profundo admirador de la cultura francesa, viene a engalanar este espacio consagrado al amor, las artes literarias y el conocimiento de la naturaleza humana.

Sean entonces sus versos, inmortalizados por derecho propio en las amplias bibliotecas de la humanidad.

Por Avedelsur

26 de enero de 2008

Nada será como antes


Nada tengo,
nada más que tus palabras
derramando recuerdos.

He perdido todo
(antes creía que ya nada me quedaba)
porque ni las ansias
de un futuro mejor me acompañan.

Cuando se pierde la esperanza,
el cielo se nos cae a pedazos
y las aves
ya no cantan como antes.

Las olas van pero no vienen
y el viento nos evita,
quizás porque no quiere involucrarse
con el dolor que nos inunda.

Sólo la luna parece sentir
esta pena tan grande
porque llora junto a mi ventana,
ella se esconde poco a poco.

Ayer era grande y luminosa,
se deslizaba por tu cuarto
y aparecía en mi habitación
con todo su esplendor...

Hoy decrece
porque sabe que te amo
y que ya nada
será como antes.
(Por Avedelsur)

30 de noviembre de 2007

Canción de las simples cosas


Uno se despide insensiblemente de pequeñas cosas,
lo mismo que un árbol en tiempos de otoño muere por sus hojas.
Al fin la tristeza es la muerte lenta de las simples cosas,
esas cosas simples que quedan doliendo en el corazón.

Uno vuelve siempre a los viejos sitios en que amó la vida,
y entonces comprende como están de ausentes las cosas queridas.
Por eso muchacho no partas ahora soñando el regreso,
que el amor es simple, y a las cosas simples las devora el tiempo.

Demórate aquí, en la luz mayor de este mediodía,
donde encontrarás con el pan al sol la mesa servida.
Por eso muchacho no partas ahora soñando el regreso,
que el amor es simple, y a las cosas simples las devora el tiempo.

(Armando Tejada Gómez / César Isella)


Demorate en vivir la vida hijo mio...que la vida es bella si la bebemos despacio, saboreando los pequeños momentos. No marches ahora. Espera. Aun te aguarda la mesa servida.
Avedelsur

4 de noviembre de 2007

Amor Tardío


Tardíamente, en el jardín sombrío,
tardíamente entró una mariposa,
transfigurando en alba milagrosa
el deprimente anochecer de estío.


Y, sedienta de miel y de rocío,
tardíamente en el rosal se posa,
pues ya se deshojó la última rosa
con la primera ráfaga de frío.

Y yo, que voy andando hacia el poniente,
siento llegar maravillosamente,
como esa mariposa, una ilusión;

pero en mi otoño de melancolía,
mariposa de amor, al fin del día,
qué tarde llegas a mi corazón...

José Angel Buesa
Poeta Cubano